LABORATORIO DE EXPRESIÓN CORPORAL - ESCUELA DE TEATRO EXPERIMENTAL - FORMACIÓN ACTOR EN BARCELONA

 

Todas las artes están dedicadas místicamente al perdón...


Un actor necesita entrar en un espacio sagrado esa es la conexión para que pueda perderse y disfrutar la estructura en una creación teatral.

Un actor necesita un entrenamiento espiritual para que pueda crear a partir de un estado interior y comunicar al exterior sin máscara, sin proyectar nada, sin juzgar lo que hace. La profesión del actor en sí misma es egóica. Si ‘funcionas’, todo el mundo quiere trabajar contigo. Si no ‘funcionas’, nadie quiere trabajar contigo.

Cuando comprendemos que no tenemos que hacerlo bien en un escenario, sino que tenemos que hacerlo vivo, surge la entrega a algo más grande, nuestro espíritu es tocado.

Recordamos la esencia y nace la presencia.

Una verdadera presencia es, sin esfuerzo. Una presencia con esfuerzo, es una presencia egóica, por eso en el escenario nos perdemos tanto.

La sencillez de un material sentido y codificado hace que sea posible la repetición -maestra indiscutible a la hora de reflexionar sobre la experiencia- Lejos de ser un animal muerto, la repetición se redescubre a sí misma cada vez, dejándonos desnudos ante las ganas de nuestro ego de cambiarlo todo.

En el entrenamiento de laboratorio podemos distinguir tres fases básicas por donde pasa siempre un actor-creador:

- Proceso de búsqueda. El niño perdido.

- Proceso de codificaje. El adolescente enterándose del acné.

- Proceso de repetición. La madre. El padre.

La comprensión de quienes somos y lo que hacemos marcará la profundidad de nuestro trabajo a la hora de llevarlo a escena.

Aprender a escucharnos para aprender a ser escuchados.

Cuando el actor-creador aprende a escucharse, el escenario se ilumina, es elevado por sobre su oscuridad.

El arte entonces, cumple su función mística, abre nuestro ser esencial, expande al hombre común y corriente que somos, lo perdona, une y trasciende.

La lucha se convierte en trabajo, el trabajo en talento y el talento, en servicio.


Jessica Walker

Actriz madre.

Directora y creadora de Escuela Laboratorio



Solos en laboratorio


Un proceso creativo es un proceso humano y un proceso humano es un proceso libre. En libertad encontraremos la disciplina gozosa y el rigor que el teatro necesita.

El proceso creativo de SOLOS en Laboratorio, lo realizan los alumnos de segundo año de la escuela durante tres meses, casi a diario. Muchas horas.

El propósito del entrenamiento amplía y desarrolla las dos vías fundamentales de la escuela: El crecimiento personal y el crecimiento actoral. La apuesta es mostrarlo todo. La importancia de la experiencia es mayor que la importancia del concepto. Todo en el escenario tiene que aprender a ser escuchado, comprendido, para que no le tengamos miedo a hacer lo que tenemos que hacer. La mirada del que está delante de ti, cruzando el agua de la creatividad, te lo da todo –aunque esté escondido en una superficialidad por miedo a ser herido, más herido–

Cuando comienza el trabajo, ambos, actor y director, literalmente se casan, pronuncian el sí, cierran los ojos y entran juntos al espacio sagrado. Se transforman en magos al mismo tiempo, meditan y accionan.

La misión de un director-creador es guiar, sostener, expandir y darle una visión global al actor-creador.

La misión del actor-creador es entregarse a sí mismo, para que pueda entregarse al proceso creativo, a la existencia del personaje, a los otros, al público, a Dios.

Como parte de la metodología se le pide al alumno-creador su propio material, para dar a luz su propia dramaturgia.

El director-creador estimula, guía por dónde, provoca la experiencia, pero es el alumno, el que encuentra. Ésta es la pieza clave del puzzle. Desde ahí se dispara la comprensión de lo que se hace y el disfrute total.

El alumno-creador es tocado por la experiencia, la flecha de cupido clava su corazón, como si hubiese encontrado a su enamorado ¡el teatro! No el concepto del teatro, sino la experiencia del teatro.

La comunión del proceso creativo, el diálogo de creación, se pone en marcha y se eleva.

El llamado es para que ambos, actor y director, lo den todo. Ése es el verdadero milagro, el sueño. El ego jamás se detiene a esperar y si espera, es para masacrarnos mejor. Está tan lleno de juicios, en permanente desconfianza, separado de todo. Sin embargo, cuando nos unimos para trabajar de verdad... TOMATE... El llamado a crear se sella y tiene nombre... AMOR.


Jessica Walker

Actriz madre.

Directora y creadora de Escuela Laboratorio







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jessica walker


“No busco la proyección del actor sobre el escenario, busco su alma, solo así podré ver su belleza”.

Jessica Walker